Editorial
JAR se basa en los fundamentos de la exposicionalidad. Publicamos exposiciones de la práctica como investigación, ensamblajes ricos en medios que recopilan y presentan huellas materiales de la práctica artística, articulándolas como contribuciones epistémicas originales. Aunque este paradigma posibilita la creación de constelaciones de materiales altamente complejas, en la práctica los artistas suelen elegir formatos más estandarizados. En JAR, asumimos que cualquier elección configura qué es lo que se puede articular y cómo: no todo lo que se pueda decir requiere necesariamente adoptar complejos formatos ricos en medios, pudiendo esta última opción derivar en mera decoración u ornamentación. Sin embargo, si se desea articular algo específico en términos materiales, la falta de un formato rico en medios lleva a una sensación de empobrecimiento y a una falta de evidencia, por lo que la presentación no transmite el significado que se supone debe comunicar. Pero esto no es un argumento en contra del texto, que puede funcionar de manera similar; más bien, la exposicionalidad es un argumento en favor de una materialidad distributiva, capaz de articular significados complejos que a menudo no logramos expresar 'con palabras'.
JAR afirma la importancia de la articulación y la difusión tanto dentro como por debajo del nivel de la discursividad. Desde su primer número, la revista se ha esforzado por hacer que la articulación opere según su propia forma de criticidad, a lo que llamamos afirmación, permitiendo, entre otras cosas, la revisión por pares y la colaboración editorial. En cuanto forma de criticidad de la exposicionalidad, la afirmación funciona de manera diferente a la crítica académica convencional. Mientras que la revisión por pares tradicional avanza mediante análisis y corrección discursivos, la afirmación funciona reconociendo lo que hacen los materiales distribuidos y fortaleciendo su capacidad para hacerlo. Esto no conlleva una aceptación acrítica, sino un compromiso activo que conduce a preguntarse: ¿qué articula esta exposición, cómo se conectan sus materiales para lograrlo y cómo podrían potenciarse esas conexiones? Los revisores y editores se fijan en la dinámica interna de los materiales —sus resonancias, tensiones y densidades atmosféricas— en lugar de medirlos según criterios externos. La afirmación se vuelve rigurosa al probar si la estructura distribuida logra sostener una articulación significativa en distintos contextos, trabajando con la lógica propia de la exposición en lugar de imponer marcos evaluativos estandarizados. Es decir, no evalúa las propuestas señalando los déficits que tendrían frente a estándares preestablecidos, sino que las desafía a demostrar si sus materiales despliegan una complejidad distribuida capaz de transmitir contenidos que justifiquen su publicación.
JAR lleva años trabajando con exposiciones ricas en medios y el formato parece haberse estabilizado. Es importante reconocer que estas interacciones materiales distribuidas están presentes en el arte contemporáneo, en particular en el contexto del arte de instalación y las prácticas performativas, es decir, en distribuciones donde el espacio o el tiempo asumen un papel protagónico. (En este caso, el público humano se posiciona de otra manera: como un conjunto sensorial-cognitivo motivado interna o externamente). Paralelamente a la inclusión de diversos medios en la publicación académica de la investigación artística, en los últimos años JAR también ha buscado integrar prácticas más diversas, así como diferentes lenguas e historias. Este enfoque ha agudizado nuestra comprensión del papel del contexto en estas articulaciones materiales (algo que, visto en retrospectiva, parece obvio). Podemos decir que, en sus primeros años, pese a su compromiso con la contextualización local de las prácticas en exposiciones espaciotemporales, JAR también descontextualizó el conocimiento artístico al priorizar el uso del inglés y al asumir concepciones de la investigación artística arraigadas en una comprensión europea del arte contemporáneo. Esto no solo ha dificultado que quienes no hablan inglés se relacionen con JAR, sino que también ha obstaculizado el reconocimiento de disciplinas artísticas con autocomprensiones distintas —como el diseño o la arquitectura—, así como del arte arraigado en otros contextos culturales.
Esta reflexión plantea un tema crucial en torno a lo que podría denominarse el contexto ausente de una exposición: es decir, los contextos en los que una exposición publicada terminará por hallar su relevancia y significado. Argumentaría que, gracias a la diversidad del comité editorial y de lxs revisorxs, JAR siempre ha logrado eludir una unificación total en un único contexto —léase: la interpretación académica del arte—, lo que ha sido, no obstante, más casual que estructural. Por tanto, si pretendemos contrarrestar la descontextualización de las propuestas que recibimos, necesitamos multiplicar estructuralmente nuestros vínculos con ellas. Esta es una tarea difícil, ya que no estamos equipados para brindar físicamente esos contextos ausentes, los que, además, pueden ser múltiples y superponerse. En este sentido, en lugar de asumir alguna forma de correspondencia disciplinaria o cultural de la que debamos hacernos cargo, parece más apropiado adoptar una perspectiva de transdisciplinariedad o transculturalidad con fronteras difusas: los contextos ausentes de una propuesta como un campo material de resonancias distribuidas, que puede abordarse desde enfoques particularmente abiertos.
El papel del lector en la exposicionalidad es activo más que pasivo. Las exposiciones requieren que los lectores naveguen materiales distribuidos y establezcan conexiones entre ellos, aportando sus propias posiciones contextuales —disciplinarias, culturales, afectivas— para incidir en lo que encuentran. Diferentes lectores trazarán distintos caminos a través de una exposición, activando resonancias diversas según sus contextos y preocupaciones. En este sentido, los lectores son los sitios donde los contextos ausentes se hacen presentes, donde los materiales encuentran nueva relevancia y donde emergen significados que pueden trascender la intención autoral. Esto impone demandas particulares al diseño de las exposiciones: los materiales deben estar suficientemente distribuidos y abiertos como para permitir múltiples trayectorias de lectura, conservando la coherencia necesaria para guiar una interacción significativa. También significa que el impacto de la exposicionalidad —como el de cualquier texto 'bueno'— se despliega con el tiempo a través de los diversos encuentros que los lectores tienen con la obra, en lugar de quedar determinado, al momento de la publicación, por la información que se proporciona.
Estamos abordando estas dificultades de manera estructural mediante varios desarrollos convergentes. Los ‘paneles de idioma’ de JAR generan contextos editoriales paralelos que evitan que el inglés actúe como único marco de mediación. El formato de los canales de la Red o Network de JAR permite que los materiales formen parte de múltiples colecciones temáticas y disciplinarias al mismo tiempo, en lugar de quedar confinados a un solo marco contextual. Además, hemos seguido desarrollando las pautas para revisores, centrándonos en modos de exposicionalidad que robustezcan el trabajo de JAR con propuestas de alta densidad contextual, y hemos ido ampliando el comité editorial, a fin de responder con mayor sensibilidad a las variables condiciones contextuales de la investigación. Sin embargo, reconocemos que esto sigue siendo un desafío permanente: cada propuesta nos enseña algo sobre cómo opera el contexto en la exposicionalidad, por lo que nuestras estructuras deben mantenerse adaptativas. La exposicionalidad de las propuestas publicadas en JAR constituye un proceso activo de formación y transformación, cuestionado y validado a través de la revisión por pares y potenciado en el proceso editorial. Este fortalecimiento debe conservar —y no predeterminar—: nuestro trabajo es ampliar la capacidad de los materiales para resonar en contextos diversos de manera continua, preservando la apertura que les permite interpelar a los lectores de formas que no podemos anticipar.
Michael Schwab
Editor en Jefe